jueves, 10 de abril de 2014

Federico Murro- Alejandro Cabrera- Leonardo Borges


“De que habla cuando habla de…” es un programa didáctico breve y contundente en el que se intenta llevar a un público joven conceptos que se utilizan a menudo en los medios de comunicación. Desde la “despenalización del aborto” o “legalización de la marihuana” hasta conceptos claves como “la reforma del estado”. Doce capítulos cada uno de los cuales abarca una temática concrete la cual será abordada desde un punto de vista sociológico e histórico donde mostraremos las diferentes formas de interpretación a lo largo de la historia hasta nuestros días.




Sobre el racismo en Uruguay
por Federico Murro.


Hace unos años  cuando eran noticia los insultos realizados Suárez a Evra en un partido de fútbol, tuve la oportunidad de realizar un chiste gráfico para una publicación en la que trabajaba. Allí aparecían dibujados dos personajes y uno de ellos más reaccionario que el otro expresaba: “Y  lo de Suárez pone nuevamente el tema sobre la mesa de si el uruguayo es o no racista… pero escúchame ¡obvio que no!… y eso te lo puede decir cualquier negro que está preso o cualquier negra que está en un quilombo”.
En aquel momento la prensa, sobre todo la especializada en temas étnicos como es el periodismo deportivo, en aquel momento embebida por los continuos triunfos celestes, cerró filas tras el goleador uruguayo adjudicando que eso no era racismo sino que ese tipo de exclamaciones uno las escuchaba acá a cada rato y en todos lados.
Dicha afirmación naturalmente no prueba de que no exista el racismo en nuestro país, sino de que justamente se presenta constantemente en nuestra sociedad.
También hubo, por otro lado, quienes se pronunciaron en contra de las manifestaciones de Suárez y naturalmente no llevaron el problema a una reciente caída de valores de nuestra sociedad como es hoy es moda ya que hechos de discriminación de este tipo existieron siempre en nuestro país[i].
Lo cierto es que más recientemente el tema del racismo en Uruguay volvió a la plana de los informativos a raíz de lo tristemente ocurrido con la activista Tania Ramírez a la salida de un boliche. Por esos días también y  es historia conocida, se impulsó una campaña que procura borrar de nuestro idioma la expresión: “trabajar como un negro” mediante una solicitud a la Real Academia Española.
Por esos días, más precisamente el lunes 18 de febrero de este año, momento en los que se encontraban más latentes estos temas, y por eso me permití realizar una breve introducción, fue invitado al programa “Buscadores” que emite TNU, el músico Rubén Rada para hablar seguramente sobre alguna actividad particular de su trabajo artístico pero naturalmente la conversación derivó en estos temas.
En aquel momento uno de quienes conforman el panel del programa, Jorge Gatti, preguntó al entrevistado como había visto el hecho de lo ocurrido a las afueras de Azabache, planteándole si en realidad lo había visto como un hecho racista o si en realidad lo que había ocurrido era una pelea con una serie de agravios como los que se manifiestan en cualquier encontronazo, y en los cuales uno lanza insultos que intentan lastimar al otro y le puede decir con total displicencia ¡Negra motuda! como en otros casos  ¡Pelado! ¡Gordo! ¡Narigón! dependiendo de quien tenga enfrente.
Rada realizando un análisis profundo del tema,  dijo no haber escuchado los agravios, porque el video no tenía audio.
Ahora volviendo a lo que horizontalmente planteó quien realizó la entrevista, naturalmente uno en una pelea verbal no piensa gritarle a alguien ¡honesto! o ¡solidadario! y eso es porque un insulto es una exclamación que uno cree tiene un carácter negativo, que denuncia lo que considero un defecto en la otra persona. Por lo cual  si yo le grito ¡negra! a alguien es porque pienso que eso tiene un carácter negativo.
Gatti entonces es hasta incapaz de darse cuenta de que reconoce en la palabra “negro” un insulto, es poseedor al igual que gran parte de la sociedad entre quienes están aquellas mujeres que protagonizaron la golpiza (quienes luego realizaron declaraciones similares a las de dicho periodista), de un racismo tan incorporado que hasta le es imposible detectarlo.
Pero lo más triste vino de quien uno podría llegar a esperar un mejor abordaje de la situación y sin embargo emprendieron la campaña “Borra al racismo del lenguaje” cuyo objetivo es maquillar los términos permitiendo de esta forma ocultar la relación existente de injusticia y de esa forma  impedir su capacidad de superación.
La frase “trabajar como un negro” que como se menciona hace referencia a “trabajar como un esclavo”  y justamente debería constituir el lugar en el cual pararse para lograr algo así como una, ejem…,  emancipación política universal que busque de la desaparición de todo tipo de desigualdades.
Supongamos que se logre que la Real Academia elimine dicha frase, entonces podríamos plantearnos la realización un nuevo chiste gráfico. En este aparecerían dos viñetas, una bajo un encabezado que diga “antes” y la siguiente debajo de un cartel que diga “después” , en la primera aparecería una especie de yupi panza arriba acostado en su reposera brazos en jarra mientras un negro lo abanica diciendo “¡Abanique fuerte, vamos, trabaje como negro!”, en la segunda escena el globo diría “¡Por fin estamos en una sociedad que no discrimina!” ,o “ ¡Qué bueno que logramos  borrar al racismo del lenguaje sr. Afro-descendiente!”, o lo que a usted se le ocurra, pero el dibujo en este segundo cuadro sería el mismo.








[i] Para citar uno anecdótico, del ambiente futbolero e intrascendente en la vida política del Uruguay, recuerdo una conocida foto de los festejos al haber obtenido el campeonato mundial de 1950 en la que aparece un muchacho dentro de una multitud sosteniendo un cartel que dice: “Uruguay -2, Macacos -1”, haciendo referencia a los brasileros que hacía pocos años habían incorporado jugadores negros a su plantel, motivo por el cual entre, otras cosas, habíamos ganábamos junto con Argentina todas las anteriores copas de América.


El apio de los pueblos

por Federico Murro.

1.

Hace ya varios días saltó a la popularidad un video en el cual un niño brasileño se negaba a comer un pulpo que su madre había preparado y puesto delante de él en un plato. El video es uno más de los que alcanzó más de no sé cuantas de visitas en  pocos días, y fue  levantado luego por los informativos de la televisión abierta.
Para los que aún no lo vinieron en el video un niño de cuatro o cinco años comienza frente a una cámara a  razonar que la comida proviene de un ser vivo, allí se percata de que para comer aquello hay que matarlo, de ahí entonces prefiere no comer esos alimentos para que  todos los animales vivan y sean felices y finalmente culmina cuando se aboca a comer el acompañamiento, en este caso unas lentejas y unas papas, ante la mirada emocionada de su madre, la camarógrafa.
Naturalmente el video nos muestra el combo perfecto, el niño tierno y bueno que quiere inocentemente descubrir el mundo, y en ese proceso se opone a lo establecido al discrepar con su madre sobre lo que debe comer, arribando a una conclusión de abandonar el consumo de carne para que el resto de los animales vivan en felices y en comunidad con los seres humanos. Una especie de Emilio de Rousseau que gracias a la bondad intrínseca de los seres humanos va por si sólo interpretando correctamente el mundo.

La comunidad vegetariana ha utilizado como estandarte este video en las redes sociales como muestra del sencillo acto de razonamiento al que es natural arribar para evitar la matanza de los animales para su consumo.

Lejos de esto, lo que denota el video es lo infantil del razonamiento de la comunidad vegetariana.
Veamos por ejemplo lo que sostiene Marly Winckler, Presidente de la Sociedad Vegetariana Brasileña: “De nada vale esconder la basura debajo de la alfombra. Lo que siembras cosecharás: es la vieja máxima. Y, si nuestras sociedades tratan a los animales sensibles de manera tan poco civilizada, no vamos a tener un mundo mejor, ni otro mundo será posible. Tengo plena convicción de esto. Aquellos que quieren un mundo mejor necesitan percibir que un acto simple que repiten todos los días, tres veces o hasta más, el acto de comer, está indisolublemente ligado a este nuevo mundo que legítimamente buscan y que, sí, es posible. Pero, para esto deben empezar a poner en práctica este nuevo mundo en el plato de comida que tienen delante”[i].

Inicialmente debo reconocer hacia los vegetarianos cierta estimación en primer lugar porque uno comparte algunos planteamientos como por ejemplo la oposición a los sistemas de mega-producción, tanto de la industria cárnica como de las grandes extensiones de cultivos para alimentar a estos,  pero más cercanamente uno siente cierta compasión por  algunas aflicciones que deben sobrellevar, por ejemplo como cuando están en un cumpleaños y denotan su dieta al realizar malabares para comer algo y son abiertamente acosados por una serie de personas que por la mera existencia de este grupo sienten cuestionada su alimentación y les expresan entonces preguntas tales como ¿pero vos comes vegetales que también son seres vivos? o ¿vas a decir que nunca pusiste una tableta una de esas noches que estaban bravos los mosquitos?.
Este tipo de posturas fue el más clara y tristemente observable - a pesar de que en este caso fue en referencia al maltrato y no al consumo- , cuando en  turismo de este año un grupo de defensores de los animales realizó una performance en la tribuna de la Criolla del Prado, bajo la consigna “disfrutas de la tortura” y fueron cagados a patadas y luego amablemente invitados a retirarse por el resto de la comunidad omnívora.
Las premisas de los vegetarianos desdibujan el antagonismo ente lo animal y lo humano, entre lo animal y  que piensa entre otras cosas lo animal.
El vegetariano encarna perfectamente una serie de elementos de nuestra sociedad de consumo capitalista, se manifiesta imposibilitado de comprender al otro semejante  y encuentra apego entonces en el resto de los seres vivos carentes de pensamiento, observa el horror al cual el mundo los somete y  busca entonces su propia reparación personal (erróneamente basada) mediante acciones conductuales cotidianas.
El  vegetariano desarrolla la acción característica de la sociedad capitalista que lo engendrado, una actividad cotidiana individual.
De esta forma  limita su acción a un estrecho plano de benevolencia propia, intenta quedarse tranquilo consigo mismo y lo que es peor cree  que así se solucionan algunos de sus inocentes postulados.
El doble error que se comete es de concepción y procedimiento, porque si aún si nos planteáramos que fuera acertado el primero de estos, deberían por lo menos experimentar en principio la insuficiencia de su intento personal como cimiento para poder plantear su superación.
2.
En el film “The Road”[ii] se plantea una sociedad post-apocalíptica en la cual no existe ya más alimento para la humanidad, no crecen más los cultivos y por ello han muerto la mayoría de los animales, entonces  la gran masa de la población sobreviviente se hace antropófaga.
La empatía de los vegetarianos por los animales y su horizontalidad en el plano con respecto a seres humanos genera entonces una visión del horror existente en el mundo semejante a la del film, donde unos que dominan se comen a otros.
¿Cómo es posible entonces huir de lo que para ellos es esta catástrofe que atraviesa el mundo? Mediante una conducta obsesiva, el dejar de comer carne.
El vegetariano cumple de esta manera aquello que Lacan describía como ritual compulsivo.
Si yo no hago esto se producirá alguna X inpronunciablemente horrible. Si yo no sigo absteniéndome de comer carne y continúo separando el caviar de la galletita que me dan en un casamiento,  el mundo continuará aumentando la producción de alimentos de este tipo al mismo tiempo que se explotará en demasía la fauna existente en nuestro planeta y de esta forma nuestra sociedad terminará por derrumbar el resto de lo que moralmente aún no ha perdido.
De esta forma los vegetarianos lubrican la maquinaria de la sociedad capitalista que para subvertir los deseos de cambio político hacia acciones puramente simbólicas e individualistas sostiene la bandera del crisol de explotaciones e injusticias, como la explotación de los animales por el hombre y presenta a la verdadera explotación del hombre por el hombre como a una más dentro de este amplio abanico.








[ii] “The Road” (2009)  dirigida por John Hillcoat y escrita por Joe Penhall . Basado en el ganador del Premio Pulitzer 2006 la novela del mismo nombre del escritor estadounidense Cormac McCarthy 





A desdoblar, a desdoblar muchachos la esperanza.

por Federico Murro.

Hace algunos años una compañera me contaba sobre una actividad que debía hacer a lo largo del día como vendedora de un local de un Shopping de Buenos Aires, la misma constaba en tomar una prenda cuidadosamente doblada en una pila de la tienda, extenderla y volverla a doblar cuidadosamente, puntita con puntita, para quede tan prolija como estaba anteriormente guardada.
Esta tarea aparentemente inútil se llamaba “desdoblar” y tenía por cometido dotar a la tienda de un aparente movimiento ante la mirada de quienes circulaban frente al local, quienes pensarían de pronto que allí alguien recién se habría probado ropa, o que estarían colocando modelos nuevos recién llegados, o algo por el estilo.
En definitiva era una forma de hacer creer que la tienda se encontraba en continuo dinamismo, que se encontraba viva,  para lo cual se exigía realizar una de las tareas más absurdas que he tenido a posibilidad de conocer como forma de evitar esa imagen de la vendedora sentada durante horas bostezando sin nada que hacer.
Este hecho de generar actividad mediante una tarea que carece absolutamente de sentido, y que versa simplemente en el acto de intentar hacer creer al público de que allí efectivamente hay movimiento donde no lo hay es similar al ocurrido en la anterior campaña electoral, cuando las denominadas “Redes Frenteamplistas” convocaban  mediante Facebook o Sms a una serie de manifestaciones o encuentros, tales como los banderazos en la playa, los encuentros en la rambla aprovechando los días lindos,o la invitación a hacer y  llevar a distintos lados la bandera gigante o tantos actividades similares a una performance.
Allí no había algún tipo de manifestación de forma discursiva que planteara alguna idea, sino que se intentaba simplemente generar la imagen de que el Frente Amplio se encontraba activo, que era una fuerza constante de cambio y que los jóvenes habían encontrado una nueva forma de crear cierta “movida” y así de justamente intentar (y ahora seleccionando lo escrito hace unos párrafos procederé a marcar en el teclado Ctrl+C,  Ctrl+V) evitar esa imagen de la vendedora sentada durante horas bostezando sin nada que hacer, en este caso dentro de un Comité de Base.
La actividades impulsadas por las “Redes” tienen por objetivo generar una imagen de vivacidad de la alianza electoral  Frente Amplio y está dirigida hacia los futuros votantes (y por ello han desaparecido en el período en el cual no existe la campaña electoral), y de paso es menos pesado que comerse una reunión.
A partir de ahí han generado varios análisis tanto desde fuera como desde el propio F.A. en los cuales no me detendré en esta ocasión ya que a mí entender la cuestión no pasa por aceptar o no las “nuevas formas de militancia”, como muchas veces son denominadas estas actividades impulsadas desde las "redes”, porque en definitiva estos encuentros en los cuales uno comparte el mate y habla sobre si va a llover en estos días, muchas veces no difieren demasiado en cuanto a la profundización y abordaje de los temas políticos que se plantean en las reuniones interminables de los Comités.

El problema de ese “Acting” es que devela que detrás de él, no hay un movimiento verdadero. Y como era necesario ese fingimiento posterior ya no había quien fuera a la tienda del shopping a comprar ropa, las “Redes” debieron simular la agitación y efervescencia popular ya que no existía una masa activa que se viera impulsada a militar en pro de una idea política dentro del Frente Amplio.

No existe ese impulso generado desde la motivación en la participación de una fuerza constructora de política, y no existía algo así como el entusiasmo que se sustentara en algo más allá del hecho de ganar las elecciones.

Y eso es causa de que se ha intentado hacer creer constantemente desde dicha agrupación de gobierno que lo que ellos han denominado como “política” debe ser víctima de las circunstancias, arte de lo posible, dependiente de lo económico y  evaluada según del costo electoral.
A desdoblar, a desdoblar, muchachos la esperanza.







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